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POETAS 137. Antonio Gamoneda (II): "Canción errónea"



Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. Su padre, periodista y poeta del modernismo tardío muere al año siguiente. En 1934 la viuda se traslada a un barrio obrero de la ciudad de León. Para ayudar en la economía familiar se ve obligado a trabajar en un banco siendo todavía adolescente. No obstante, continua sus estudios de bachillerato por libre. A finales de los 40 comienza escribir sus primeros poemas, a la vez que mantiene contactos con los grupos poéticos surgidos en torno a las revistas "Espadaña" y "Claraboya". Al final de la década de los 60 se entrega, con un grupo de amigos, a la militancia antifranquista, lo que en parte justifica el largo silencio literario entre 1967 y 1975. En 1969 deja el trabajo en el banco y se incorpora a los servicios culturales de la diputación de León. En su seno crea la colección de poesía "Provincia" y la sala de arte del mismo nombre. Colabora como crítico de artes plásticas en "Diario de León", "Proa", "La hora leonesa", "Tierras de León", "Gaceta del arte". Comienza a recorrer España como conferenciante invitado por varias universidades y entidades culturales.

Desde los años 80 es gerente de la fundación leonesa "Sierra pambley, en sintonía con el espíritu de la institución libre de enseñanza. En esta década comienza a ser reconocido públicamente como poeta: recibe el premio de Castilla y León de las letras y el Nacional de literatura. Este reconocimiento se culmina en el año 2006 al ser elegido para recibir el premio "Miguel de Cervantes.

La obra de Gamoneda revela un mundo propio y por eso resulta reacia a cualquier adscripción estética. Comparte con sus coetáneos el rechazo a la corriente social y la concepción de una realidad interiorizada, pero difiere en otros muchos aspectos. Lejos del distanciamiento irónico y el juego intelectual, sus versos están hechos de compulsión afectiva, de apelación vehemente y lo patético está presente en ellos, eslabones aún de una cadena que procede de la visión romántica (Miguel Casado). El poeta ha afirmado que su poesía adquiere su completo sentido cuando comporta un discurso inseparable de hechos interiorizados que han proporcionado cuerpo y carácter a su vida. Su poesía trata de imitar la creación desordenada de la vida con todo su caos interior y exterior. De ahí que se puede apreciar en sus versos una fuerte carga de irracionalidad: trata de captar la hondura metafísica del ser humano.

Los primeros versos de formación se encuentran en su libro "La tierra y los labios", escritos entre 1947 y 1952, versos que permanecerían inéditos hasta su inclusión en "Edad", el libro que décadas más tarde merecerá el Premio Nacional de literatura. Aquí encontramos su inconfundible voz desgarrada -bajo el influjo de Blas de Otero- y el dolor que engendra la presencia de la muerte. Su primer libro publicado se hará esperar: "Sublevación inmóvil", 1960. Con esas intermitencia de silencio, se da el caso del segundo libro escrito verá la imprenta después de la publicación de un libro escrito con posterioridad. Este segundo libro preterido, "Blues Castellano" se demora hasta el año 1982. Es un libro fuertemente narrativo en la que va hilando experiencia personales (familia, trabajo, vida cotidiana). También es notable su actitud inconformista que se aproxima a la reivindicación social y se solidariza con el hombre. A ritmo de jazz, blues o spiritual, va enhebrando una visión del mundo transida de dolor, aliviada únicamente por un matiz piadoso. Pone el acento en una fraternidad sin esperanza.

Su etapa de plenitud arranca con "Descripción de una mentira, lleno de imágenes visionarias. Se trata de un largo poema en versículos, dividido en fragmentos que mantiene una esencial unidad; se ha comparado su forma expresiva en este libro con un jarrón roto: partes desencajadas y desiguales pero nunca caóticas.

Este libro continua la estela de "Blues Castellano" en lo que respecta a sus estructuras rítmicas, pero aquí aparece una repetición de conceptos que produce una sensación de estar siempre ante la misma frase girando alrededor de un sólo pensamiento, según Miguel Casado, "como si buscase la respuesta a la misma pregunta". Las vivencias personales que sirven de base se mezclan con enigmáticas alusiones que remiten a un universo inquietantes, oscuro, presidido por un irracionalismo pesimista. Asistimos a un ininterrumpido flujo de conciencia en el que el poeta desgrana sus angustias y perplejidades.

"Lápidas" (1987) responde a planteamientos similares, aunque algunos textos son más explícitos en la transmisión de experiencias personales y el lenguaje resulta más llano. En este libro continua ahondando en la memoria personal en busca de recuerdos torturantes. El dolor de España se siente en algunos poemas.

En 1992 publica el "libro del frío", una meditación sobre la muerte y sobre la memoria de la vida en el límite del tiempo. Esta inminencia de la desaparición física la continúa abordando en "El libro de los venenos" que abunda en datos sobre las distintas maneras de administrar la muerte para adentrarse mejor en los últimos confines de la vida. En 2003 publica "Arden las pérdidas", donde gravitan las inquietudes de siempre vertidas en un discurso hermético.

En el 2004 publica su poesía reunida bajo el título de "Esta luz". 2006 será el año de su consagración definitiva al recibir el premio "Reina Sofía" y el "Miguel de Cervantes.

Se deja una seleción de poemas del libro "Canción errónea", publicado en 2012.



HABÍA…

 

Había

Vértigo y luz en las arterias del relámpago,

Fuego, semillas y una germinación desesperada.

 

Yo desgarraba la imposibilidad,

Oía silbar a la máquina del llanto y me perdía en la espesura vaginal. También

Entraba en urnas policiales. Así

Olvidaba los ojos blancos de mi madre.

                               Vivía.

Parecer ser.

          Vivía.

 

Ahora mismo atiendo distraído a mi estertor. NO hay en mí memoria ni olvido; única y simplemente lucidez.

 

Han desaparecido los significados y nada estorba ya a la indiferencia.

 

           Definitivamente, me he sentado

A esperar a la muerte

Como quien espera noticias ya sabidas.

 

 

 

VI PALOMAS…

 

Vi palomas. Vi sus alas temblando

Entre cenizas y cristales.

                   Vi

Frutos de bronce; su gravedad prendida

De ramas inmóviles.

                  Vi

La pasión giratoria de los pájaros

Sobre la máquina azul de la alegría.

                            Vi

La geometría ardiente del relámpago.

 

En la fiesta final, ardió la púrpura

Del último jardín.

              Desfallecieron

Las cifras del relámpago y se desprendió el bronce

De las ramas inmóviles.

 

 

HUYES DE TI…

Huyes de ti para alcanzar verdades que no existieron nunca

 

Hablas de un ave que atravesó tus sueños. Te engañas: tú, aun no siendo, eres su única realidad.

 

“La rosa es bella, ¿y para qué?”

                         Así son tus grandes, tus inútiles preguntas.

 

“Ignorar para ver”, dices también.

                           Pero, ¿qué ver? Tan sólo lograrás que ardan tus ojos.

                Compréndelo:

No existe más que una palabra verdadera:

                                  No.

 

 

 

AMO MI CUERPO…

 

Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas

Por aceros vivientes, sus cartílagos

Abrasados, mi corazón ligeramente húmedo

Y mis cabellos enloquecidos

En tus manos.

           Amo también

Mi sangre atravesada por gemidos.

 

Amo la calcificación y la melancolía

Arterial y la pasión del hígado

Hirviendo en el pasado y las escamas

De mis párpados fríos.

 

Amo el estambre celular, las heces

Blancas al fin, el orificio

De la infelicidad, las médulas

De la tristeza, los anillos

De la vejez y la influencia

De la tiniebla intestinal.

                    Amo los círculos

Grasientos del dolor y las raíces

De los tumores lívidos.

 

Amo este cuerpo viejo y la sustancia

De su miseria clínica.

                 El olvido

Disuelve la materia pensativa

Ante los grandes vidrios

De la mentira.

           Ya

Todo está dirimido.

 

No hay causa en mí. En mí no hay

Más que cansancio y

Un antiguo extravío:

                Ir

De la inexistencia

A la inexistencia.

             Es

Un sueño.

         Un sueño vacío.

 

Pero sucede.

          Yo amo

Todo cuanto he creído

Viviente en mí.

            Amé las manos

Grandes de mi madre y

Aquel metal antiguo

De sus ojos y aquel

Cansancio lleno de luz

Y de frío.

 

       Desprecio

La eternidad.

           He vivido

Y no sé por qué.

             Ahora

He de amar mi propia muerte

Y no sé morir.

            Qué equívoco.

 

 

 

VIENE EL CUCHILLO…

 

Viene el cuchillo que atraviesa la luz.

La luz atravesada a su vez por las grandes palomas

Que procrean en tumbas clandestinas.

 

                               Veo

La geometría del abismo, veo

Países abrasados.

 

              Pesa

El rojo en el temblor de los rectángulos

Y el verde frío en la profundidad.

 

                           Pongo mis ojos

En la última transparencia.

 

                     Veo ahora

Tu pasión amarilla

 

               Dame

                    Tu luz insumisa, Elías

                    Dame

                    Tu luz.

 

 

 

LA LUZ ME ACARICIA…

 

La luz me acaricia. Siento

Su lengua sobre mi piel.

Su destino es cesar.

 

                Así

Es también mi costumbre:

                     Ser

Para no ser.

 

          Así

Es lo cierto incierto:

                Mi llanto

Bajo tus párpados,

               Tu pulsación

Bajo mi piel.

 

 

 

AME…

 

Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos. Estoy extraviado pero yo sé que amé.

 

Yo vivía en un ser y su sangre se reunía con mi sangre y la música me envolvía y yo mismo era música.

                             Ahora,

¡quién es ciego en mis ojos?

 

Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían lentamente. ¡Qué fue vivir entre heridas y sombras? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?

 

Únicamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño.

Todavía el amor

Habita en el olvido.

 

 

 

ESTAS MAÑANA ME HE ADENTRADO EN MI…

 

Esta mañana me he adentrado en mí.

 

Presentía un silencio semejante al de un almacén abandonado pero en mí yacían ciertas, algunas, palabras: “Buenos días”, “Felicidad!”, “salud”.

Mentían.

 

Esta misma mañana he escuchado la más falsa de las palabras: “Vivir”.

 

Ah las palabras hábiles en la oquedad de la tristeza. 

                                         Yo

Amo otras palabras: las palabras inmóviles.

Hierve en mi lengua su verdad ajena a los significados.

 

Qué quietud en sí mismas, qué pureza.

 

 

UNA FLOR EN MI MUERTE…

 

Una flor en mi muerte. Sólo una flor.

 

No un sueño colmado de luz ni una agregación de espíritus sostenida por una música sin límites.

 

Sólo una flor.

 

 

UN DESCONOCIDO HABITA EN MÍ

 

Un desconocido habita en mí y, para agonizar, utiliza mi corazón.

 

Pienso en mi padre enloquecido por la visión de frutos muy frescos, pienso en el amor y en la morfina. No. No es mi padre. Pero entonces, ¿quién

Agoniza en mí?

 

Cabe que yo mismo sea el desconocido y que mi corazón no sea mío aunque yo ponga en él sus latidos. Cabe.

 

En realidad no hay problema. En cualquier caso, yo voy a ser, ya estoy siendo,

Huérfano de mí mismo.

 

 

 

EN LAS REDES VIOLENTAS….

 

 

En las redes violentas, ciudadanos inmóviles

Averiguan el interior de sus llagas.

                           ¿Quién

Con sus gritos anuncia

La cercanía azul de los cuchillos?

                          No veo

Más que presagios.

                No

Hay húmeros humanos.

                   Quizá

En ti, acaso en mí, ciegas, impares,

Algunas

Convulsiones

Pensativas.

 

Aún me ofreces, éstas sí, preguntas

Relativas.

        Sospecho

Que yo pueda ser uno de estos adeptos clamorosos. Persigo

Rumores, días, contracciones, restos

De mi temblor.

            Pero ¿quién soy yo en esta

Muchedumbre desollada?

                     ¿Quién

Pone vidrios rotos en mis ojos?

                         Sostengo

Aún mi fatiga, mi ignorancia, la obscena 

Codicia de mis manos.

                  Y

Mi impaciencia mortal.

                  Desde estas solas

Circunstancias, pretendo

Un exceso, una pasión.

                  La última

Pasión:

      La ira.

 

Mi juventud, mi madre, mi salvación:

                              La ira.

                                                                                                          

 

 

HAS CRUZADO DESPACIO LA CIUDAD…

 

Has cruzado despacio la ciudad.

Por una vez, tú no vas a trabajar

Ni a comprar una medicina ni a entregar una carta:

Has salido a la calle para estar en la noche.

 

Tienes suerte esta vez:

                  Toda la noche es tuya y te envuelve

Y tú te sientes como si fueras a reunirte con tu madre y piensas

Que quizá es bueno existir debajo de las estrellas.

 

Avanzas en la oscuridad y vas sabiendo que también es bueno ir por las calles y escuchar tus pasos

Y sentir la noche de los que ya duermen

Y comprenderlos como a un solo ser,

Como si descansasen del mismo cansancio

Todos en el mismo sueño.

 

Pero avanzas más.

      

      Ahora ves

La pobreza insomne, ves el frío

Blanco y carnal y, finalmente, sientes

Que pesa mucho, demasiado,

Tu corazón.

 

Y retornas.





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