EFÍMEROS 42. Cinco poemas de William Carlos Williams (1883-1963) en el 63 aniversario de su muerte. Traducción de Octavio Paz
Williams Carlos Williams fue un poeta
y escritor polifacético nacido el 17 de septiembre de 1883, en Rutherford
(Nueva Jersey), ciudad que no abandonaría hasta su muerte, exceptuando algunos
viajes dispersos por Europa. Era hijo de un hombre de negocios de ascendencia
inglesa y una madre nacida en Puerto Rico, de la que heredaría un perfecto
conocimiento del idioma y de la cultura hispánica, además de su afición y
talento para la pintura, que con el tiempo acabaría cultivando. A los catorce
años es enviado a estudiar durante dos años a Suiza, recalando una temporada en
París. Tras terminar el bachillerato en Nueva York, inició los estudios de
medicina en la Universidad de Pennsylvania. Allí entabló una duradera amistad
con Ezra Pound. Después de trabajar como interino en diversos hospitales, en
1906 se trasladó a Leipzig para cursar la especialidad de pediatría. Los tres
años que vivió en Alemania le dieron ocasión de conocer, de primera mano, la
cultura Europea. Viajó por los Países Bajos, Francia, Inglaterra y España. Ya
regresado a su país, en 1910 abrió una clínica privada en Rutherford, se casó
poco después con su prometida Florence Herman, y publicó su primer libro de
poemas. Esta labor creativa, que abarcaría además novelas, memorias y ensayos,
iba a mantenerla constante a lo largo de su vida, mientras
diariamente se dedicaba a sus tareas de médico pediatra, asistiendo al parto de
más de dos mil recién nacidos. Salvo un viaje por Europa a mediados de la
segunda década, Williams ya apenas se movería de su ciudad natal. Cuando su
obra comenzó a cosechar el reconocimiento general, en la década de los
cuarenta, comenzó a hacer varias giras por las universidades de Estados Unidos,
dando conferencias y recitales. El mismo año -1949- que publica la segunda parte
de su célebre libro de poemas, “Paterson”, tiene su primer achaque importante
de salud, con un ataque al corazón. En 1950 recibió el National Book Award por
“Poemas selectos” y la tercera parte de “Paterson”. Poco después gozaría de una
estancia en la colonia de artistas Yaddo, aparcando temporalmente la medicina
para consagrarse a la escritura. Seguidamente continuó dando una serie de
recitales por la costa del pacífico. Fue en ese momento cuando su fama comenzó
a crecer, aupado por la admiración que empezaron a profesarle los escritores de
la generación Beat. Amigo de Allan Ginsberg, se encargó de la presentación de
su célebre libro, “Aullido”, donde hizo un elogio de la lucidez de los poetas:
“Estamos ciegos y vivimos nuestras ciegas vidas en total oscuridad. Los poetas
están malditos, pero no están ciegos; ven con los ojos de los ángeles”. En 1951
se retiró de la práctica de la medicina, a consecuencia de un segundo ataque al
corazón. Fue acusado de asociación con actividades comunistas, al mismo tiempo
que pagó un duro precio por su amistad con Ezra Pound, quien había sido
condenado por traición a la patria: su relación con el poeta filofascista
impidió el inminente nombramiento como asesor de poesía para la biblioteca del
congreso. Todo ello le condujo a una fuerte depresión que le
supuso el internamiento en un hospital. Aunque durante estos años no
dejaba de publicar libros de poesía, su nivel de trabajo se vio mermado con un
tercer ataque que le dejó casi paralizado y con dificultades para hablar.
Cuando por fin fue recuperando el habla, siguió escribiendo hasta el final sus
poemas a máquina con la mano útil. Antes de morir en su ciudad natal el 4 de
marzo de 1963, aún tuvo fuerzas para dar a la imprenta su último libro de poemas
dedicado a la pintura de Bruegel.
La obra poética de Williams –en
contraste con la de sus compatriotas Pound y Eliot-, se caracteriza por una
concreción extrema que huye de planteamientos abstractos. Ensayó una
poesía ágil y vivaz en la que trataba de transmitir sensaciones con la mayor
naturalidad posible. Con una mirada que posa su atención sobre los objetos,
logra transformar lo rutinario del mundo en algo extraordinario. Cultivó
siempre el verso libre iniciado por Walt Whitman, extendiéndolo al verso corto
mediante la introducción de un hallazgo formal de su propia cosecha: el llamado
“pie variable” Para Carlos Williams el abuso que hicieron los poetas del verso
libre inaugurado por Walt Withman había tenido un efecto deletéreo para la
poesía norteamericana que vino después. Con el “pie variable”, Williams lograba
romper con esa monotonía rítmica que había propiciado Wihtman. El “pie
variable” medía rigurosamente los espacios entre los acentos, los versos se
disponían tripartitamente y se iban desplegando en vaivén tipográfico, lo que
acababa dando a sus poemas un cariz más pictórico que musical. Se trataba de
convocar tanto al oído como a la vista, pintar con palabras y hacer escuchar
las cosas, dejar que estas se mostrasen; se trataba además de huir de toda
sensación abstracta o de cualquier nota reflexiva. Pero, sobre todo, Williams
quería que la sonoridad de sus poemas registrase el habla propia de los Estados
Unidos. Quería conectar el habla de la calle con la estructura poética. Seguía
de esta forma la conocida exhortación de Marianne Moore a escribir en una
lengua que “los perros y los gatos pudiesen entender".
Antes de la innovación formal que va
a caracterizar el último periodo de su obra, publica una serie de libros de
tanteo, entre los que destaca el publicado en 1928 con el título de “El
descenso del invierno”. Un impulso en esta experimentación formal lo daría con
“Paterson”, una obra a la que iba a consagrar gran parte de sus energías
creativas, y que iba a convertirse en crónica histórica y cotidiana de una
ciudad, en la línea de la Antología de Spoon River, de Lee Masters, o de los
relatos de Sherwood Anderson sobre Winnesburg. Paterson es el nombre de la
ciudad que recrea, pero también el del doctor protagonista que escucha a las
personas a las que atiende, y a las que da voz para que puedan asomar sus
vidas. A juicio de Juan Miguel López Merino, “Williams ve a sus semejantes y el
entorno que comparte con ellos sin idealizarlos ni ensalzarlos, y nos habla de
ellos y de sí mismo del modo en que ellos y él mismo hablan, consiguiendo
trascender lo radicalmente concreto, el aquí y el ahora, mediante un largo y
logrado trabajo estilístico basado en la concentración y en la brevedad”. En
“Paterson” se cruza la poesía, la prosa y el collage, utilizando técnicas de
montaje que permiten la aleatoria sucesión de imágenes y escenas
Pero será sobre todo a partir de su obra “La música del desierto”, 1954, donde
da un giro radical para introducir su “pie variable”. A partir de
este poemario, el propio Williams comienza a aparecer como tema de su propia
poesía, sin ocultar su decadencia física iniciada por su primer ataque al
corazón. A medida que esta situación se hace precaria, echa cada vez más mano a
la memoria como un poder capaz de transformar la realidad. La memoria es el
elemento que reúne la experiencia y le otorga sentido. Esta memoria debe
proyectarse más lejos que la experiencia individual, incluso a un pasado remoto
que comprenda la vivencia colectiva. En su siguiente libro de poemas, “Viaje al
amor”, 1955, el poeta continua abundando en contenidos autobiográficos, incluso
en confesiones. Pero a juicio de Juan Antonio Montiel, a quien se le debe la
traducción de estos poemas, “Viaje al amor es cualquier cosa menos un
itinerario sentimental”. Las emociones con la que topa adquieren en sus manos
una fuerte carga estética. También sigue ampliando en este libro su concepto de
la memoria mediante lo que llama la “persistencia”. El poeta tiene que
permanecer próximo a aquello que está en el origen de su poesía. Su último
libro de poesía, “Cuadros de Brueghel”, lo publicó en 1962 y estuvo a punto de
ser un libro póstumo. En el muestra la admiración que siempre profesó durante
toda su vida a los pintores. También su viejo anhelo, expresado en una
entrevista, de fundir el poema y la pintura en una misma cosa.
POEMA
El gato
Se encaramó
En un remate
De la
alacena y
Primero la
pata
Delantera derecha
Cautelosamente
Después el
trasero
Desapareció
En el abismo
De la vacía
Maceta
ENTRE MUROS
Al fondo
En el ala
Del hospital
Donde
Ya carbón
Nada crecerá
Los trozos
De una
botella
Quebrada brillan
Verdes
A MANERA DE
CANCIÓN
Que la
culebra aguarde
Bajo el
yerbal
Y la
escritura sea
De palabras,
lentas rápidas, prontas
Al ataque,
quietas en la espera,
Insomnes.
-por la
metáfora reconciliar
Gente y
piedras.
Componer. (No
ideas:
Cosas.)
¡Inventa!
Saxífraga es
mi flor y abre
Rocas.
PARA
DESPERTAR A UNA ANCIANA
La vejez:
Vuelo de
pajaritos
Que pían
Al rozar
Pelados árboles
Sobre la
nieve tersa.
Los sacude
De aquí para
allá
Un viento
obscuro-
¿Y qué?
Sobre varas
ásperas
Se posa la
bandada,
La nieve
Se cubre de
cáscaras
De semillas,
Un estridente
Gorjeo de
hartazgo
Serena al
viento.
EL TORDO
Hombre afortunado:
no es
Demasiado tarde
Entró en mi
jardín
Antes que la
nieve
El tordo sin
moverse
Me miró
silencioso
Reflejaba su
pecho moteado
El trágico
invierno
Pensamientos
mi amor el mío.

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