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EFÍMEROS Y BREVES 43. Tres poemas de Emilio Prados (1899-1963) en el 127 aniversario de su nacimiento.

 


Emilio Prados nace en Málaga el 4 de marzo de 1899 en el seno de una familia acomodada que regentaba una fábrica de muebles. Sufre de niño ataques de “pavor nocturno” y se le manifiesta una enfermedad bronquial que le obliga a pasar grandes temporadas en la sierra, en contacto estrecho con la naturaleza. Esta salud frágil explicará su peculiar sensibilidad: siempre volcado en su mundo interior y con tendencia al autoanálisis.

Empieza el bachillerato en el instituto de Málaga, pero en 1914 se va a continuarlo a Madrid. Ingresa en el grupo experimental de niños de la Residencia de Estudiantes dirigido por el filósofo Manuel García Morente. Se aficiona entonces a la literatura y a la historia natural. En 1918 comienza a cursar Ciencias naturales. En el ambiente propicio de la Residencia escribe sus primeros versos. En noviembre de 1919 sufre una recaída de su enfermedad y regresa a Málaga a reponerse. A finales de 1920 lo vemos de nuevo en Madrid. En los primeros meses del año siguiente se agrava otra vez su estado de salud y sus padres lo envían a un sanatorio en Davos (Suiza), donde permanece casi un año. Hace su primer viaje a París, ciudad que le entusiasma y con la que siempre mantendrá un estrecho contacto.

Ya en Málaga sufre un fuerte revés sentimental cuando lo que había sido su novia desde los 16 años, con la que rompió tiempo atrás, se casa con otro. Se marcha a estudiar filosofía alemana a la Universidad de Friburgo. Es este un periodo decisivo en su formación ética e intelectual, además de abrirle el interés por las cuestiones sociales y política. Aquí entra en contacto con el marxismo, que alentará su manera de ver el mundo. Un año después regresa a España reafirmado en su vocación de poeta. Tras una breve estancia en Madrid en la que no acaba de congeniar con sus compañeros de grupo, renuncia a proseguir sus estudios y se establece en Málaga. En colaboración con Manuel Altolaguirre monta la imprenta Sur. De sus prensas sale en noviembre de 1926 el primer número de la revista Litoral, que al unísono con la editorial del mismo nombre, habrá de tener trascendencia en su generación poética.

En los años inmediatos a la proclamación de la república desarrolla una intensa actividad política. Dedica partes de sus esfuerzos a conciencia a la clase obrera, en especial a los colectivos de tipógrafos y pescadores, a los que intenta organizar en sindicatos. Los sucesos de Asturias de 1934 lo reafirman más en su postura y se lanza de lleno a la poesía revolucionaria. Al estallar la guerra se traslada a Madrid y trabaja para la causa republicana. Se vuelca en una febril actividad propagandística. En Valencia colabora en los servicios culturales del gobierno y luego pasa a Barcelona. En Marzo del 39 se marcha a París y de ahí a México. Se instala provisionalmente en casa de Octavio Paz. Es director tipográfico de la editorial Séneca. Atraviesa dificultades económica y le cuesta adaptarse, a pesar de la cordial acogida que se le dispensa. Poco a poco logra reconstruir su vida personal y su carrera poética, en la que alcanzará un periodo de esplendor. Su enfermedad crónica se iba agravando hasta provocarla la muerte en abril de 1962.

 

CANTAR TRISTE

Yo no quería,
no quería haber nacido.

Me senté junto a la fuente
mirando la tarde nueva...

El agua brotaba, lenta.
No quería haber nacido.

Me fui bajo la alameda
a ocultarme en su tristeza.

El viento lloraba en ella.
No quería haber nacido.

Me recliné en una piedra,
por ver la primera estrella...

¡Bella lágrima de estío!
No quería haber nacido.

Me dormí bajo la luna.
¡Qué fina luz de cuchillo!

Me levanté de mi pena...

(Ya estaba en el sueño hundido).

Yo no quería,
no quería haber nacido.

 

 

CERRÉ MI PUERTA AL MUNDO…

 

Cerré mi puerta al mundo;

se me perdió la carne por el sueño...

Me quedé, interno, mágico, invisible,

desnudo como un ciego.

 

Lleno hasta el mismo borde de los ojos,

me iluminé por dentro.

 

Trémulo, transparente,

me quedé sobre el viento,

igual que un vaso limpio

de agua pura,

como un ángel de vidrio

en un espejo.

 

 

SOLEDAD EN EL ALBA

 

¡Ay!, rosa, calla, calla:

ocultémonos juntos

bajo los pies del agua.

 

¡Ay!, calla, calla, viento :

bajo los pies del monte

dejemos nuestros cuerpos.

            -¿Qué ocurre?

                                            -El sol naciente,

-joya de primavera-

luce sobre lo verde.

             -¿Yel amor?...

                                                -En olvido.

(Como un rumor de sueños

rueda el agua en el río.)


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