EFÍMEROS Y BREVES 45. Tres poemas de Pier Paolo Pasolini (1922-1975) en el 103 aniversario de su nacimiento.
DAVID
Apoyado en el pozo, pobre joven,
vuelves hacia mí tu cabeza gentil,
con una risa grave en los ojos
Tú eres, David, como un toro en un
día de abril,
que de la mano de un muchacho que ríe
va dulce a la muerte.
ANÁLISIS TARDÍO
(Fin de los años sesenta)
Sé bien, sé bien que estoy en el
fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he
tocado;
que soy prisionero de un interés
indecente;
que cada convalecencia es una
recaída;
que las aguas están estancadas y todo
tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte
del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo
nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer
quién soy;
que he perdido hasta la antigua
paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por
impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más
que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por
la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he
terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el
barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece
esperanza.
MUERTE
Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su país y lo
redescubre:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, tanto
como hace tiempo lo era, destituido
por norma.
Una rabia negra de poesía en el
pecho.
Una loca vejez de jovencito.
Antes tu alegría se confundía
con el terror, es verdad, y ahora
casi con otra alegría
lívida, árida: mi pasión
decepcionada.
Ahora me das miedo de verdad,
porque estás de verdad cerca,
incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de criatura
nueva.

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