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EFÍMEROS 47. Cinco poemas de Juana de Ibarbourou (1892- 1979) en el 134 aniversario de su nacimiento

 


Juana de Ibarbourou nació en Melo, departamento de Cerro Largo (Uruguay) en 1892 y aunque su verdadero apellido era Fernández Morales, prontó tomó el apellido de su marido (Ibarbourou) para firmar sus libros e incluso llegó a ser más conocida internacionalmente como Juana de América. Fue hija de un padre oriundo de Galicia que le recitaba poemas de memoria cuando era niña y de una madre que pertenecía a una de las familias más antiguas de Uruguay. Recibió educación en un colegio religioso donde escribe sus primeras poemas. Al casarse ando tenía veinte años con un capitán del ejército, abandona su ciudad natal y sigue al marido itinerante por varias ciudades hasta que por fin es destinado en Montevideo. Amante del campo, y del lugar donde pasó su niñez y al que no volvió, su adaptación a una gran ciudad como Montevideo le supuso un choque emocional. En 1919 publica su primer libro “Las lenguas de diamante”, al que le siguen dos más consecutivos, “El cántaro fresco” y “Raíz salvaje”. Tuvo como corresponsal temprano a Miguel de Unamuno a quien mandó un ejemplar de su primer libro, porque el que recibió elogios. El gobierno le ofreció una cátedra de Lengua y Literatura y pronto se convirtió en un mito nacional, llegando a ser nombrada pomposamente Juana de América en un acto de homenaje oficial promovido por otros poetas. El 3 de octubre de 1947 fue elegida para sentarse en un sillón en la Academia Nacional de Letras y  en 1950 fue designada para presidir la Sociedad Uruguaya de Escritores. En 1959 se le concedió el Gran Premio Nacional de Literatura, otorgado ese año por primera vez. Un infarto acabó con su vida en Montevideo cuando contaba 87 años de edad, el 15 de julio de 1979. Al morir fue velada en el mismo Salón de los Pasos Perdidos en que fue nombrada «Juana de América» y enterrada con honores de ministro de Estado.

La crítica ha alabado su obra por expresar bellamente un sentido natural del amor y de la vida, poesía tallada en imágenes y metáforas modernistas, expresado con un lenguaje sencillo. Por su temática, a veces impregnada de un fuerte erotismo, su poesía se convierte en un canto al amor, donde este aparece envuelto en bellas imágenes extraídas de la naturaleza. El crítico uruguayo Alberto Zuen Falde define la poesía de Ibarbourou, diciendo que “es gozo de vivir y plenitud de amor… Canta la vida terrena, como un vaso de buen vino, y el sano y dichoso amor de los instintos, sin complicaciones ideológicas y sin tristezas morales. Toda su poesía está hecha de amor a la tierra y de sensualidad delicada. Ella ama y disfruta como una criatura inocente y salvaje, de todas las cosas naturales… No aspira ni espera nada póstumo ni extrahumano. No hay para ella más vida que esta vida. No hay para ella más belleza que la belleza sensible de las cosas: la forma, el color, el sabor, el perfume”.


MUJER

Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna,

De sombra y silencio me había de dar!

¡Cómo, noche a noche, solo ambularía

Por los campos quietos y por frente al mar!

 

Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, qué loco,

Tenaz vagabundo que había de ser!

¡Amigo de todos los largos caminos

Que invitan a ir lejos para no volver!

 

Cuando así me acosan ansias andariegas,

¡Qué pena tan honda me da ser mujer!

 

 

LA SED

 

Tu beso fue en mis labios

de un dulzor refrescante.

Sensación de agua viva y moras negras

me dio tu boca amante.

 

Cansada me acosté sobre los pastos

con tu brazo tendido, por apoyo.

Y me cayó tu beso entre los labios,

como un fruto maduro de la selva

o un lavado guijarro del arroyo.

 

Tengo sed otra vez, amado mío.

Dame tu beso fresco tal como una

piedrezuela del río.

 

 

LA ENREDADERA

 

Por el molino del huerto

asciende una enredadera.

 

El esqueleto de hierro

va a tener un chal de seda

 

ahora verde, azul más tarde

cuando llegue el mes de Enero

 

y se abran las campanillas

como puñados de cielo.

 

Alma mía: ¡quién pudiera

Vestirte de enredadera!



REBELDE

 

Caronte, yo seré un escándalo en tu barca.

Mientras las otras sombras recen, giman o lloren

Y bajo tus miradas de siniestro patriarca

Las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

 

Yo iré como una alondra cantando por el río

Y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,

E irradiaré en las ondas del arroyo sombrío

Como una azul linterna que alumbra en el viaje.

 

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros

Que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,

Caronte, yo en t u barca seré como un escándalo.

 

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,

Cuando quieras dejarme a la orilla del río

Me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.

 


BAJO LA LLUVIA

 

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!

                      ¡Cómo moja mi falda!

Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!

                     Llueve, llueve, llueve.

 

                  Y voy, senda adelante,

Con el alma ligera y la cara radiante,

                     Sin sentir, sin soñar,

Llena de la voluptuosidad de no pensar.

 

                     Un pájaro se baña

En una charca turbia. Mi presencia le extraña,

Se detiene… Me mira… Nos sentimos amigos…

¡Los dos amamos mucho cielos, campos y trigos!

 

                      Después es el asombro

De un labriego que pasa con su azada en el hombro.

 

                       Y la lluvia me cubre

De todas las fragancias que a los setos da Octubre.

 

Y es sobre mi cuerpo por el agua empapado,

Como un maravilloso y estupendo tocado

De gotas cristalinas, de flores deshojadas

Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.

 

                         Y siento, en la vacuidad

Del cerebro sin sueño, la voluptuosidad

Del placer infinito, dulce y desconocido,

                         De un minuto de olvido.

 

                         Llueve, llueve, llueve,

Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.



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