EFÍMEROS Y BREVES 110. Juana Inés de la Cruz (1648-1695): Cinco sonetos en el 331 aniversario de su muerte
Condena
por crueldad disimulada
el alivio que la esperanza da
Diuturna
enfermedad de la esperanza
Que así
entretienes mis cansados años
Y en el fiel
de los bienes y los daños
Tienes en
equilibrio la balanza;
Que siempre
suspendida en la tardanza
De inclinarse,
no dejan tus engaños
Que lleguen
a excederse en los tamaños
La desesperación
o la confianza:
¿quién te ha
quitado el nombre de homicida,
Pues lo eres
más severa, si se advierte
Que suspendes
el alma entretenida
Y entre la
infausta o la felice suerte
No lo haces
tú por conservar la vida
Sino por dar
más dilatada muerte?
En que
da moral censura a una rosa,
Y en ella a sus semejantes
Rosa divina
que en gentil cultura
Eres con tu
fragante sutileza
Magisterio purpúreo
en la belleza,
Enseñanza nevada
a la hermosura;
Amago de la
humana arquitectura,
Ejemplo de
la vana gentileza
En cuyo ser
unió naturaleza
La cuna
alegre y triste sepultura:
¿cuán altiva
en tu pompa, presumida,
Soberbia, el
riesgo de morir desdeñas;
Y luego,
desmayada y encogida,
De tu caduco
ser das mustias señas!
¡Con qué,
con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas
y muriendo enseñas!
Contiene
una fantasía contenta
con amor decente
Detente,
sombra de mi bien esquivo,
Imagen del
hechizo quemás quiero,
Bella ilusión
por quien alegre muero,
Dulce ficción
por quien penosa vivo.
Si al imán
de tus gracias atractivo
Sirve mi
pecho de obediente acero,
¿para qué me
enamoras lisonjero,
Si has de
burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar
no puedes satisfecho
De que
triunfa de mí tu tiranía;
Que aunque
dejas burlado el lazo estrecho
Que tu forma
fantástica ceñía,
Poco importa
burlar brazos y pecho
Si te
labra prisión mi fantasía.
Que
consuela un celoso epilogando
La serie
de los amores
Amor empieza
por desasosiego,
Solicitud,
ardores y desvelos;
Crece con riesgos,
lances y recelos;
Susténtase de
llantos y de ruego.
Doctrínanle
tibiezas y despego,
Conserva el
ser entre engañosos velos,
Hasta que
con agravios o con celos
Apaga con
sus lágrimas su fuego.
Su
principio, su medio y fin es éste:
¿pues por
qué, Alcino, sientes el desvío
De Celia,
que otro tiempo bien te quiso?
¿Qué razón
hay de que dolor te cueste?
Pues no te
engaño amor, Alcino mío,
Sino que
llegó el término preciso.
Continua
el asunto (de cuál sea pesar más
molesto:
amar o aborrecer) y lo expresa
con
más viva elegancia
Feliciano me
adora y le aborrezco;
Lisardo me
aborrece y yo le adoro;
Por quien no
me apetece ingrato, lloro,
Y al que me
llora tierno, no apetezco:
A quien más
me desdora, el alma ofrezco;
A quien me
ofrece víctimas, desdoro;
Desprecio al
que enriquece mi decoro
Y al que le
hace desprecios enriquezco;
Si con mi
ofensa al uno reconvengo,
Me reconviene
el otro a mí ofendido
Y al padecer
de todos modos vengo;
Pues ambos
atormentan mi sentido:
Aquéste con
pedir lo que no tengo
Y aquél con
no tener lo que le pido.

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