EFÍMEROS Y BREVES 112: "Prisa", la buena prosa de Octavio Paz (1914-1998) en el 28 aniversario de su muerte.
PRISA
A pesar de mi torpor, de mis ojos
hinchados, de mi aire de recién salido de la cueva, no me detengo nunca. Tengo
prisa. Siempre he tenido prisa. Día y noche zumba en mi cráneo la abeja. Salto
de la mañana a la noche, del sueño al despertar, del tumulto a la soledad, del
alba al crepúsculo. Inútil que cada una de las cuatro estaciones me presente su
mesa opulenta; inútil el rasgueo de madrugada del canario, el lecho hermoso
como un río en verano, esa adolescente y su lágrima, cortada al declinar el
otoño. En balde el mediodía y su tallo de cristal, las hojas verdes que lo
filtran, las piedras que niega, las sombras que esculpe. Todas estas plenitudes
me apuran de un trago. Voy y vuelo, me revuelvo y me revuelco, salgo y entro,
me asomo, oigo música, me rasco, medito, me digo, maldigo, cambio de traje,
digo adiós al que fui, me demoro con el que seré. Nada me detiene. Tengo prisa,
me voy. ¿A dónde? No sé, nada sé excepto que no estoy en mi sitio.
Desde que abrí los ojos me di cuenta
que mi sitio no estaba aquí, donde yo estoy, sino en donde no estoy ni he
estado nunca. En alguna parte hay un lugar vacío y ese vacío se llenará de mí y
yo me asentaré en ese hueco que insensiblemente rebosará de mí, pleno de mí
hasta volverse fuente o surtidor. Y mi vacío, el vacío de mí que soy ahora, se
llenará de sí, pleno de sí, pleno de ser hasta los bordes.
Tengo prisa por estar. Corro tras de
mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado ese sitio? ¿Cómo
se llama mi fatalidad? ¿Quién es y qué es lo que me mueve y quién y qué es lo
que aguarda mi advenimiento para cumplirse y para cumplirme? No sé, tengo
prisa. Aunque no me mueva de mi silla, ni me levante de la cama. Aunque dé
vueltas y vueltas en mi jaula. Clavado por un nombre, un gesto, un tic, me
muevo y remuevo. Esta casa, estos amigos, estos países, estas manos, esta boca,
estas letras que forman esta imagen que se ha desprendido sin previo aviso de
no sé dónde y me ha dado en el pecho, no son mi sitio. Ni esto ni aquello es mi
sitio.
Todo lo que me sostiene y sostengo
sosteniéndome es alambrada, muro. Y todo lo salta mi prisa. Este cuerpo me
ofrece su cuerpo, este mar se saca del vientre siete olas, siete desnudeces,
siete sonrisas, siete cabrillas blancas. Doy las gracias y me largo. Sí, el
paseo ha sido muy divertido, la conversación instructiva, aún es temprano, la
función no acaba y de ninguna manera tengo la pretensión de conocer el
desenlace. Lo siento: tengo prisa. Tengo ganas de estar libre de mi prisa,
tengo prisa por acostarme y levantarme sin decirte y decirme: adiós, tengo
prisa.
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