EFÍMEROS Y BREVES 122. Dulce María Loynaz (1902-1997): Cinco ejemplares de un bestiario para el 29 aniversario de su muerte
Dejo aquí, acompañados de una breve reseña biográfica, estos cinco poemas sobre animales, que han sido plasmados con una gran delicadeza. Un gusano que nos hila los vestidos para el capricho de la moda, una mariposa torturada por un taxidermista, una serpiente que siente nostalgia del paraíso, un conejillo de indias que mira inocentemente a su matarife experimentador; la visión que tiene Dulce María Loynaz sobre los animales refleja, más que cierta inocencia animal, toda la crueldad del mundo humano para con los animales. Libro animalista y original de una casi colegial Loynaz que escribió estos poemas como una reivindicación ante el suspenso recibido en la asignatura de historia natural, tras presentar deficientemente unos cuadernillos con las descripciones de minerales, plantas y animales. Dulce María Loynaz sabía bien cómo vengarse, aunque tardase casi setenta años en publicar estos poemas: su título, "Bestiarium", publicado en 1991. Era la venganza de una poeta que ya lanzaba su mirada delicada y aviesa sobre el mundo. Los animales no tenían la culpa de que el hombre hubiera aparecido sobre la tierra.
LECCIÓN PRIMERA
Tegernaria doméstica
(Araña Común)
La Araña gris de
tiempo y de distancia
Tiende su red al mar quieto del aire,
Pescadora de moscas y tristezas
Cotidianas…
Sabe que el amor tiene
Un solo precio que se paga
Pronto o tarde: La Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata…
LECCIÓN SÉPTIMA
Bombix mori
(Gusano de Seda)
Él se crea su mundo y
se lo cierra:
(¡Sueña en romperlo pronto con dos alas!)
Más, luego viene el hombre y de aquel hilo
-mínimo mundo, vuelo en la promesa-,
Hace un vestido para su mujer.
LECCIÓN OCTAVA
Vanessa io
(Mariposa)
Escalas
De alas
En las salas
Del Museo.
El deseo
De un hombre feo
Robó a las diosas
Las preciosas
Mariposas.
Oscura
Y dura
Tortura:
(Un alfiler les clava
la cintura
Que bailara en el cáliz de una rosa.)
LECCIÓN DUODÉCIMA
Trepinoductus viperinas
(Serpiente)
Está hecha de anillos de Saturno,
De humedad de los pozos y luz de fuegos fatuos.
Signo es del infinito si se muerde la cola,
Y abre interrogaciones con el cuerpo enarcado.
Su ojo eléctrico brilla en la yerba del suelo
Y un dulce escalofrío la va desenroscando,
Mientras por el cristal de la laguna
Pasa y vuelve a pasar la sombra de algún pájaro…
La levanta una flauta con su hilo de música
Y un vuelo la estremece…
Algunas veces
Cuando es primavera y huelen los jazmines,
Se acuerda vagamente de un jardín encantado…
LECCIÓN DECIMOSÉPTIMA
Cavia aperea
(Curiel o Conejillo de Indias)
Por todo el mes un conejillo
Ha sido alimentado con raíces
Tiernas y con jugosos
Tallos de alfalfa y frescas florecillas….
Ahora está frente a un hombre calvo
Que lo mira y le acerca
Una aguja en la mano…
Por un momento el conejillo
Lo ha mirado también… Por un momento,
Con sus ojos rosados e inocentes.
RESEÑA BIOGRÁFICA
Dulce María Loynaz fue una poeta cubana nacida en La Habana el 10 de diciembre de 1902. Perteneciente a una familia de la alta burguesía -su padre, Enrique Loynaz del Castillo fue un general célebre por haber compuesto un himno patriótico- pudo formarse en el refinado ambiente del hogar y, al igual que sus hermanos, también poetas de talento, tuvieron la oportunidad de recibir una esmerada educación impartida por selectos profesores que desfilaban a diario por su casa. Sus primeros años están marcados por las posibilidades de este ambiente selecto, lo que le da la ocasión de viajar junto con sus hermanos por gran parte de los países de Oriente próximo, además de poder recorrer extensamente Europa, Sudamérica y los Estados Unidos. En 1927 obtiene en la Universidad de la Habana el doctorado en Derecho Civil, carrera que ejercería durante un tiempo. Dulce María Loinaz comenzó a escribir bajo la influencia de los poetas simbolistas franceses: Rimbaud, Verlaine y Baudelaire fueron adoptados como sus primeros maestros. También sucumbió durante un tiempo al hechizo de Rabindranath Tagore, hasta que el conocimiento de la poesía de Juan Ramón Jiménez y García Lorca vino a dar un nuevo giro a su poesía. Este último, en su viaje a la Habana a principios de 1930, trabó relación con la familia Loynaz y se hizo asiduo visitante de su casa. En 1946 la poeta se casa con el periodista Pablo Álvarez de Cañas, canario radicado en Cuba que va a promover su poesía para darla a conocer al gran público. En los años 50, junto con su esposo, comienza a realizar actividades literarias en Madrid y otras capitales de España y su obra escasa comienza a ser publicada y reconocida por críticos y poetas. En 1951 es elegida miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba e ingresa en la Academia Cubana de la Lengua en 1959. En 1968 lo hará en la Real Academia Española. Su obra ha merecido multitud de premios y condecoraciones. Además de obtener el Premio Nacional de Literatura, en 1992 se le otorgó el Premio Cervantes. Su obra se condensó en unos pocos libros: Versos, 1920-1938. Juegos de agua (1946), Poemas sin nombre (1953), Obra lírica (1955), Últimos días de una casa (1958), Poesías escogidas (1985). En 1997 hace su última aparición pública en el homenaje que en su casa le rinde la Embajada de España en Cuba. Fallecerá ese mismo año, el 27 de abril de 1997. El mejor ejemplo de cómo concibe la poesía Dulce María Loynaz puede sentirse en un texto en que trato de definir que es la poesía y que no lo es, y que dejamos reproducido aquí.
“La poesía es tránsito. No es por sí misma un fin o una meta, sino sólo el tránsito a la verdadera meta desconocida. Por la poesía damos el salto de la realidad visible a la invisible, el viaje alado y breve, capaz de salvar en su misma brevedad la distancia existente entre el mundo que nos rodea y el mundo que está más allá de nuestros cinco sentidos. La poesía es traslación, es movimiento. Si la poesía no nace con esta actitud dinámica, es inútil leerla o escribirla: no puede conducir a ningún lado. Es necesario que esta facultad de expansión esté enderezada al punto exacto, porque de lo contrario sólo lograría caminar sin rumbo y no llegar jamás. La poesía debe tener instinto de altura. El hecho de llevar raíces brincadas en la tierra no impide al árbol crecer; por el contrario le nutre el esfuerzo, lo sostiene en su impulso, le hace de base firma para proyectarse hacia arriba. Rastrear es línea tortuosa, crecer es línea sencilla, casi recta. Si la poesía ha de crecer como el árbol, ha de hacerlo también sencillamente. Si ha de llevarnos a algún lado lo hará con agilidad y precisión, de lo contrario perderá el impulso original antes de alcanzar la meta. No debe ser el poeta en exceso oscuro, y sobre todo no debe serlo deliberadamente. Velar el mensaje poético, establecer sobre él un monopolio para selectas minorías, es una manera de producirse antisocialmente. La poesía debe llevar en sí misma una fuente generadora de energía capaz de realizar alguna mutación por mínima que sea. Poesía que deja al hombre donde está, ya no es poesía.”






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