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LA FRASE DEL DÍA 01/05/2026. Gaby Hostnik (neurocientífica): "Si queremos tener un mayor bienestar integral, tenemos que entrenar la gratitud"



 "Si queremos tener un mayor bienestar integral, tenemos que entrenar la gratitud."

- Gabi Hostnik (neurocientífica)

No me voy a meter en ahondar en la entrevista que "La voz de Galicia" le hace a la neurocientífica Gaby Hostnik (léase aquí), más que nada para no tomarme el trabajo de analizarla, pero me da la impresión que es susceptible de recibir críticas en muchas de las aseveraciones que hace; no es de extrañar, la ciencia da una visión objetivista y chata del hombre que suele reducirlo a un cuerpo y que desdeña al ser humano como espíritu, esa es la tendencia deshumanizadora de la ciencia, y la neurociencia, en concreto, participa como otra cualquier ciencia, con más agravantes incluso, porque nos hace creer que es la ciencia que anda más cerca del alma. Ya lo críticó en su momento Carl Jung: Etimologicamente psiquiatra significa "médico del alma" y el psiquiatra hace tiempo que ha abandonado el alma como su preocupación, simplemente no cree en ella. Lo mismo podría decirse de la neurociencia: es un poco risible que se nos haga pasar la ciencia de los nervios por disciplina que se preocupa de las cosas del alma. La ciencia no cree  en el alma. Ni siquiera sabe lo que es el espíritu. Es ciencia y con ese rótulo nos estamos topando ya con la misma antagonía del espíritu. La ciencia da remedios y explicaciones para el cuerpo, pero ni siquiera osa rozar la humanidad del hombre.

Y disculpas por alargarme en la introducción. Voy al grano. Gaby Hosnik hace en su entrevista un encomio de la gratitud y no podríamos estar más de acuerdo, pero resulta que lo hace de una forma torticiera. "La gratitud impacta en nuestro bienestar", dice; no nos dice: la gratitud nos hace vivir mejor, qué lenguaje el de la neurociencia, ¡Dios mío!. (Un neurocientífico no conoce la palabra felicidad, no busquen, es algo que pertenece al espíritu y al alma, cosas que un neurocientífico ignora. La chatedad moral del neurocientífico sólo le daja conocer el bienestar.) Alguien podría pensar: así es, efectivamente. Pero en su modo de expresión ya comienzan los problemas. La palabra "impactar",  el vocablo "bienestar", la jerga científista que cosifica al hombre. Aboga por buscar "herramientas", otra palabra tecnológica que nos espanta, de la que uno gusta abusar por que el hombre es un animal de  herramientas, tecnológico. "Hay que entrenar la gratitud para estar mejor", nos alienta, incluso nos da a entender que la gratitud se puede entrenar, como si fuera un músculo, tal vez los neurocientíficos nos inventen todo un gimnasio para entrenar las cualidades morales que hacen al ser humano más humano. Sin duda la gratitud estaría entre ellas. Y si en ese gimnasio pudiéramos entrenar la gratitud, que Hostnik cree que sí, estaremos entrenando "esa flexibilidad mental, esa resilencia, esa capacidad de cambio y de adaptación". Creo que sobran los comentarios. Imaginense a Violeta Parra dando gracias a la vida (antes de suicidarse por amor, por cierto) no por agradecimiento (que como ella bien sabía no busca nada a cambio, sino sólo producir el canto de alabanza), sino para volverse más flexible, más resiliente. Demos las gracias, no por nada, no gratuitamente, sino para obtener algo a cambio: para ser más resilientes tal vez, de manera que si al ser agradecidos y dar las gracias por tantos dones, no recibiéramos nada a cambio, acabaríamos siendo unos malditos desagradecidos, tal como nos sugiere en esta entrevista Gaby Hostnik. Es el problema de la ciencia, que sabe mucho de lo que es objetivo, pero si algo como el agradecimiento resulta ser intangible, no lo comprende y lo distorsiona, lo vuelve objetivo y hasta rentable: o el agradecimiento da su fruto y nos vuelve resilientes o perdona, pero no hay nada que agradecer si no obtenemos nada a cambio y ¿para qué vamos a volvernos agradecidos? Si los místicos tuvieran ese concepto del agradecimiento, se habría acabado la mística nada más nacer. Pero a la neurociencia que más le da: no le interesa la mística. Para ella las cimas de la experiencia humana son sus abismos y sus miserias. He aquí la miseria de la ciencia. Seamos agradecidos. Pero no por interés, como nos predica la neurociencia, sino desinteresadamente, por qué sí. Ya se descubrirá luego los beneficios del agradecimiento. Pero, por favor, no se vuelvan agradecidos por hipocresía. Ser agradecidos nos vuelven más resilientes. Pero, por favor, no queramos volvernos más resilientes siendo agradecidos.

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